Los chavales, cada vez más jóvenes, se dedican a ver porno y los adultos -también los padres de aquellos- acuden a sudar al gimnasio o practican deportes de riesgo que les ponen los niveles de adrenalina por las nubes; lo necesitan. Cada vez hay más gimnasios, recónditos rincones donde aventurarse con total desconocimiento y establecimientos especializados ofertando preparaciones, entrenamientos o coaching más y menos personalizados, todo ello para que unos adultos ansiosos por verse guapos y en forma se dejen dinero y tiempo, por ese orden. Queda saber si lo hacen por salud o porque les gusta gustarse, también porque disponen de un incómodo tiempo que no llega a libre y hay que rellenar de algún modo. Se trata de estar a la última, como también es probable que tengan mascotas, algo que, curiosamente, jamás habrían pensado, pero es que ahora vas a la playa y hay más mascotas tirando de dueños que personas. Luego algo habrá que hacer.
Mientras, los chavales aprenden a poner anteojeras a su imaginación sexual con un porno muy masculino en el que la hembra -mujer- luce como objeto humillado y sometido, y además le gusta. Una sierva rendida -una garantía-, tal que toda la vida, adoradora incondicional de los atributos masculinos -en singular-, consciente de su papel de suministradora de placer a petición; porque está muy bien que se pliegue a lo que él quiera, y si es preciso hacerle sentir humillado -su deseo más oculto-, pero no que sea ella quien decide y desea, solo faltaba que te folle un tía cuando a ella le apetezca. Sueños y deseos para los que les viene muy bien una IA que en el porno avanza a pasos agigantados, ofreciendo hembras a la carta adoradoras de penes más que descomunales -el sueño de cualquier humano macho- que jamás enflaquecen. Hay futuro, incluso puedes confeccionarte la mujer que deseas, con las proporciones que más te excitan, y a poco que unas gafas virtuales te hagan creer que la tienes a tus pies adiós a las mujeres de carne y hueso. Menudo alivio.
Aunque viendo cómo su mueven los robots que están fabricando los chinos -por aquello de las celebraciones del reciente año nuevo; asombroso-, tal que personas de carne y hueso, la cosa pueden mejorar hasta el punto de que a poco que la IA consiga dominar y exhibir más movimientos y acciones -como todo, cuestión de tiempo- bastaría con forrarlos de carne/plástico en plan Terminator y mandar las gafas virtuales al cubo de la basura. La tendrías allí mismo, cañón, como a ti te gusta, sonriente y siempre dispuesta. Ni me lo imagino.
También viene sucediendo que en este no decidirse por sí mismos de los jóvenes, solitarios, atemorizados y desconfiados, necesitados de ayuda, en este caso no sexual -todavía bisoños-, los hay que ponen la vista en los animales -pobres; los animales-, pero no como mascotas, sino algo más espiritual -está de moda-, identificándose con un bicho -a saber- con el que afirman comunicarse, sintiendo lo que el bicho siente e imitando sus ruidos y gestos, también moviéndose a cuatro patas –qué mejor identificación. Imagino que Darwin jamás habría podido prever esta curiosa evolución de la especie, aunque dudo si puede denominarse evolución, retroceso o estulto aburrimiento, algo en lo que gastar el tiempo sin pensar en nada complicado y sin menoscabo de un socorrido e impagable amor propio.
Culpa de los adultos abrasándose en los gimnasios -no entienden a sus vástagos porque nunca les interesaron, solo querían quitárselos de en medio-, más preocupados ahora de sí mismos y de las excitantes experiencias que les proporciona su cuerpo, que nada tienen que ver con el sexo -¡ojo!-, sino mucho más cómodas y asépticas, sin la necesidad de relacionarse con otra, u otro, de forma íntima -¡uf! Siempre es mejor admirarse a sí mismo en el espejo que decirle te quiero a alguien que conociste en la calle y de quien no sabes nada. Además, para los huecos temporales de estos adultos hechos y derechos la IA -bendita IA- viene propagado a los cuatro vientos infinidad de aplicaciones que tratan y modifican, tanto hacia adelante como hacia atrás en el tiempo, fotografías que el usuario pone gustosamente a disposición del voraz aprendizaje de esta inteligencia depredadora y sus “tecnodueños” -bueno, siendo realistas, los depredadores serían estos últimos, no aquella. De ese modo puedes ver mucho mejor, y hasta saludar, porque la imagen lo hace, como si viviera, a alguien que ya no existe, provocando en el sensible consumidor unas tiernas lágrimas de cocodrilo que le dejan muy relajado, aunque tal vez un poco más idiota de lo que ya era antes.
En fin, que entre gimnasios, deportes de riesgo, animales -perdón, seres sintientes-, sexo a la carta -nada de virtual- y la consiguiente y cada vez más presente IA tenemos bastante con lo que entretenernos. Hay tantos árboles que admirar que estamos perdiendo de vista el bosque.